Avances o algo así

Sodom ~ Tsumibito no Miyako (Historia BL Original):

- Capítulo 05: La primera presa del perro guardián

- Capítulo Extra: Peligro acechando

- Fichas de personaje

Traducción Drama CD "Are you Alice?": CD 1 Drink me 03

Traducción del juego BL "Messiah": primera escena traducida. Buscando alguien que me ayude a grabar y subtitular los videos~

Traducción de "Evillious Chronicles":

- Nanatsu no Tsumi to Batsu (Novela) (completa)

- Akutoku no Judgement (Novela) (Capítulo 00)

miércoles, 17 de septiembre de 2014

[Fanfic] Pandora Hearts - Sin retorno (one-shot)


Este es un fanfic que tenía medio escrito hace más de un año, creo o.o Y por fin hoy lo terminé XD Aproveché la inspiración que me vino al ponerme al día con el manga de Pandora. Contiene incesto (brrr) porque una de mis parejas favoritas de Pandora es Gilbert x Vincent XD (la otra es Oswald x Jack n.n o ellos en trío con Lacie =D XD) De ellos es este fic n.n

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Sin retorno
by Himutako Mizumi


Siempre había sido conveniente tener una habitación personal en la que había sido su casa antiguamente. Así podía regresar cuando quisiera... O cuando lo necesitara. Esa es su situación actual. Por alguna razón necesitaba ver a su hermano menor, aquel con el que compartía sangre y algo más. Para su preocupación, éste no se encontraba en la mansión esta noche. “Otra vez” pensaba el de cabellos azabaches. Por lo que le habían contado sus hermanos mayores (bastante molestos, por cierto), Vincent salía por las noches más a menudo de lo que ellos quisieran. Y él que lo va a ver personalmente (aunque aún no sabe la razón). Que estúpido es.

     Repentinamente escucha un ruido fuera de su puerta. ¿Quién podía ser tan tarde? No creía que fuera alguno de sus hermanos mayores. Ninguno estaría rondando por ahí en la noche. Tampoco cree que sea Elliot, considerando que ahora dormía con su sirviente, y éste le impediría ir a “molestar a quienes ya están descansando”. Él único que podría estar llegando a esa hora de la noche, y además irrumpir en su pieza, es...

-          Nii-san...

     Claro que es él. Puede ver parte de sus cabellos rubios asomarse por el borde de la puerta entreabierta. Normalmente se molestaría por el atrevimiento de su hermano, aun cuando se ha vuelto una costumbre desde que eran niños que Vincent se colara en su cuarto en medio de la noche. Pero ahora lo había ido a buscar por su cuenta, y esperaba a que llegara para al menos verlo unos segundos antes de volver con Oz y los demás.

     Y ahora está ahí frente a él, con una mirada que no sabe como interpretar. De inmediato nota que su hermano sabe que está despierto, así que se sienta en la cama para observarlo mejor. Frunce el ceño sin poder evitar mostrar la molestia en sus facciones. Su hermano menor trae el cabello medio revuelto y ropa desarreglada. ¿Hasta que hora pensaba quedarse con esas mujeres, haciendo quizás que cosas? Todas esas mujeres... tocaban a su hermano.

-          ¿Estás despierto, nii-san? – lo oye susurrar. – Una de las sirvientas me dijo que habías llegado en la tarde.
-         ...

     No puede responderle al tratar de ocultar su rabia contra él. Sí, había pasado la tarde allí esperándolo, hasta que se hizo muy tarde y decidió esperar hasta mañana.

- Me apresuré a venir a tu cuarto en cuanto me lo dijo. – lo ve dar unos pasos hacia él. - ¿Puedo dormir contigo, nii-san? Como antes...

     Como antes... ¿Qué es “como antes”? ¿Cuándo él sentía miedo de cómo Vincent se le acercaba con una muñeca destrozada y una tijera en las manos? ¿O cuando él mismo se acercaba al menor con intensiones de sentir el calor corporal tan reconfortante que éste le brindaba? Sí, él anhela por esta última opción. Por eso había venido aquí, tal vez. Por nada en particular. Tan sólo quiere sentir a Vincent cerca de él.

     Así que le ofrece un espacio al lado de él en la cama, apartando la sábana. Una sonrisa satisfecha se forma en los labios del rubio. Comienza a desprenderse de sus ropas en frente de él. Y no puede evitar quedarse mirándole. Es increíble la gracia con la que realiza una tarea tan simple como esa. Las prendas caen al suelo rápidamente. Desarma el moño que apenas amarra su cabello, y lo deja caer libremente por sus blancos hombros. Es realmente bello...

     Pero esos pensamientos lo llevan a otros, menos agradables. La habilidad superior que tiene para desvestirse... ¿Cuántas veces habrá llevado a cabo esta acción en frente de extraños, lejos de él? ¿Cuántos habrán visto esa piel blanca que ahora se encuentra medianamente expuesta? Esos hombres y mujeres... tocan a su hermano...

     Finalmente decide quedarse sólo con la camisa que trae puesta. A saltitos pequeños se acerca a la cama, para luego acostarse a su lado y cubrirse con los cobertores. Ahora puede verlo sonreír feliz a su lado. Esa sonrisa de alegría genuina que sólo muestra a su lado... ¿O será en realidad así? Eso quiere creer. ¿Por qué? No sabe, y, por ahora, prefiere no pensar en eso. Aun así, se ve tan bello cuando sonríe de verdad... Aunque está demasiado cerca. Eso es peligroso.

-          ¡Quería ver a nii-san! – expresa en un susurro alegre.
-          ¿Entonces por qué no estabas aquí? – espera... ¿le iba a reclamar? ¿aun cuando sabe que es lo que suele hacer casi diariamente?
-          ¿Eh? ¿Me estabas esperando? Me haces feliz.
-          A nuestros hermanos no les gusta lo que haces, Vince. Deberías dejar de... - pero no puede continuar. No se atreve a hacer explícito ese asunto.
-          Dejar de... ¿qué, Gil?

     Siente el cuerpo contrario apegarse al suyo. Instantáneamente le recorre un escalofrío ante la cercanía. Quiere que lo diga. ¿Por qué?

-          Dejar de... de pasar la noche con tantas mujeres diferentes... - por fin lo dijo. Vince deja salir una risita divertida.
-          Pero, Gil, no sólo son mujeres.

     Ese comentario, por alguna razón, le hace hervir la sangre. ¿Por qué? ¿Qué tan diferente puede ser para él que se acueste tanto con mujeres como con hombres? Hombres que no son él…

-          ¿Qué pasa con eso, nii-san? – trata de concentrarse otra vez. Después de todo, no tiene ninguna razón para enojarse más por esa razón.
-          Que no está bien para la familia. Ya sabes que puedes hacer lo que quieras con tu vida. Eres libre. Pero trata de no perjudicar el nombre de la familia. Después de todo, ellos nos recibieron cuando no teníamos a donde ir.
-          ¿Es esa la única razón?

     No, no lo es. “¡Deja de acostarte con otros!” “¡Deja de entregarte a otros hombres!” quiere decir, pero las palabras no salen de su garganta.

-          Si nii-san me lo pide, podría considerarlo. – frunce el sueño. Considerarlo, dice...
-          Al menos cuídate, Vince.
-          ¿Te preocupas por mí? Que felicidad. – no es una broma, aunque sonrías así. – Pero yo estoy bien, no te preocupes. Lo que hago no tiene importancia.
-          ¿Por qué no la tendría? – se está sintiendo un poco ofendido. ¿Acaso el hecho de que a él le moleste no tiene importancia?
-          No la tiene.

     Se ve tan seguro. Ante esa respuesta, el de cabellos negros no puede hacer más que apartar la mirada. Pero, para su pesar, el menor se le acerca aun más, con una sonrisa diferente a la anterior. Es una sonrisa ligeramente... ¿triste? ¿Por qué? Sus labios se acercan peligrosamente a los suyos, pero su cuerpo no reacciona.

-          Pero, ¿sabes, nii-san? Ninguno de ellos me puede satisfacer. – siente su rostro enrojecer cuando oye esa frase. – Sólo nii-san puede...

     Es entonces cuando siente otros labios sobre los suyos. El contacto es suave al principio, paciente. El mayor no puede reaccionar aún. El otro aprovecha su situación para adentrar su lengua en la boca contraria, explorando con ansias. Pasan unos segundos así, hasta que Gilbert reacciona por fin. Pero lo único que atina a hacer es tomar firmemente el cabello de Vincent e inclinar su cabeza hacia arriba, para besarlo profundamente. Lo siente reír contra sus labios cuando comienza él a tomar el control con desesperación. Pasados unos segundos así, Gilbert se detiene al sentir las manos de su hermano colarse por entre sus ropas.

-          ¡Vincent! ¡No hagas eso! – le advierte en un susurro, para no despertar a los demás en la mansión.
-          Mmm... pero fuiste tú quien tomo las riendas recién, jeje...
-          ¿¡Ehhh...!? – tiene razón. Por eso no puede evitar sonrojarse escandalosamente.
-          Je je, eres tan adorable, nii-san...

     Vuelve a besarlo, ahora con más dedicación, lentamente. Y Gilbert cierra los ojos, recibiendo ese cariño sincero. Sí, era esto lo que quería. Por esta razón, envuelve al rubio en sus brazos, tratando de devolver esa calidez. Pero debido a su gesto, el otro parece impacientarse. Puede notarlo por la forma en que sus manos tocan su piel bajo sus ropas de dormir.

-          Nii-san... Tócame, por favor... No importa cuantos me toquen, sólo nii-san me hace sentir de verdad...

     Gilbert se sorprende cuando su hermano se sitúa sobre él, sin parar de besarlo. “¿Qué estoy haciendo?” sigue preguntándose, pero no puede resistir la tentación. Sentir las caderas de Vincent moviéndose contra las suyas, los besos, las caricias… Es demasiado estimulante.

-          ¡Vince...!

     Se muerden los labios mutuamente, degustando la sangre del otro. Las manos de ambos sobre la blanca piel del otro, recorriendo, explorando, recordando... “Sí, extrañaba esto.” El tabú con su hermano.

     Recorre el cuello del menor con sus labios, succionando, dejando marcas. Frunce el ceño al notar que ya hay marcas en la piel de su hermano, marcas hechas por otros (seguramente hombres). Le hacen hervir la sangre y los maldice mentalmente por atreverse a tocarlo. Por eso no puede evitar morderle el cuello con fuerza, obteniendo un fuerte gemido de parte del otro. Sabe que le dolió, pero no le reclama, porque, como él sabe, a Vincent le gusta ser tratado así por él. Brusca y pasionalmente.

-          Nii-san... - Gilbert sube la mirada al notar el cambio de voz. – A ti también te gusta como te tomo en mi boca, ¿verdad?
-          ¿¿Eh?? – puede sentir como su rostro se sonroja violentamente.

“Espera... a ti ¿también? ¿A quién más se refiere?” Vincent parece darse cuenta de sus pensamientos, a juzgar por la siguiente frase.

-          Cuando volví a la mansión, Ernest me estaba esperando en la entrada para retarme por salir hasta tarde casi todas las noches.
-          Ajá. – “Bien hecho, Ernest. Yo también debería regañarlo firmemente, a ver si aprende que no tiene que dejar que extraños le hagan el amor.”
-          Y bueno... le dije... cosas, y él se enfureció más.
-          ¿Cosas?
-          Le insinué que estaba celoso.
-          ¿¡Celoso!? – “¿Por eso me siento así? ¿Por… celos? No… yo sólo quiero proteger a mi hermano menor. Por más desequilibrado que esté mentalmente, sigue siendo mi hermano menor.”
-          Ay, ¿tan raro es que pudiera estar celoso de mí? Yo creo que no, jeje.
-          ¡Es tu hermano, Vincent!
-          ¿Hermano? Que yo sepa, sólo tengo un hermano. Y eres tú, Gil. Tú mismo que estás acostado junto a mí, casi sin ropa. Él mismo que acaba de dejar marcas en mi cuerpo.
-          Urgh...

     No quería pensar en eso. Sabe que es incorrecto. Trata de recapacitar, de tomar todo su valor y autocontrol para alejarse de Vincent, hasta que escucha lo que en realidad él quería contarle.

-          Ernest se enojó más y me tomó del cabello, me obligó a arrodillarme frente a él y me mandó a chupársela.
-          ¿¿¡¡AHH!!??
-          Shh, Gil, están durmiendo, no grites.

     “¿¡Y lo dice como si fuera lo más cotidiano del mundo!? ¡¡Vincent Nightray!! ¡No puedes andar entregándote hasta a tus hermanos mayores!” Segundos después el pensamiento de “mejor mira lo que haces tú primero” lo golpea mentalmente. “Uhh...”

-          Parece que la pasó muy bien, para su propia vergüenza, jaja. No pudo resistirse a obligar a su hermanito menor.

     Lo escucha reírse burlonamente del que es su hermanastro, como si no hubiera nada de malo en el asunto y sólo se tratara de una anécdota chistosa. “Sabía que tenía el juicio deformado, pero no pensé que tanto...”

-          Vincent Nightray, mírame a los ojos. – le dice, tomándolo de los hombros con firmeza.
-          ¿Sí, Gil? – perturba un poco su decisión al acariciar su pecho con adoración. Trata de concentrarse nuevamente.
-          Tienes que detenerte. No puedes darle... sexo oral... a tu hermano mayor, aunque no tenga tu misma sangre. Está mal.
-          Pero nii-san... ¿a ti no te gusta? Como lo hago con mi boca...

      Esa sonrisa y ese gesto seductor lo están matando. Al verlo así, lo único que atina a pensar es en agarrarlo del cabello y obligarlo a hacerlo, igual que su hermano Ernest. Pero tiene que controlarse, tiene que hacerlo.

-          No me... desvíes el tema. – parece divertirse con sus esfuerzos de parecer serio.
-          ¿O es que quieres que sólo te tenga a ti en mi boca?
-          Ah... - no sabe que decir.
-          Parece que a Ernest no lo estaban complaciendo bien esas sirvientas. Me divertí mucho viendo la cara de satisfacción que le provoqué. Aunque el muy engreído pensó que me humilló haciendo eso, el que se humilló en verdad fue él.
-          Sí... tal vez es eso.
-          ¿Eh?
-          No quiero que nadie más te toque, Vince. No dejes que nadie más lo haga contigo, nadie más que yo. Satisfáceme sólo a mí.

     No sabe porqué dijo esas palabras. Simplemente salieron de su boca antes de que pudiera retenerlas. Y ahora Vincent lo mira con una expresión inexplicable. Segundos después lo ve sonreír triunfante.

-          Vaya. No pensé que me dirías eso. Si Gil me lo dice así, podría empezar a considerar en serio esto de la fidelidad. Pero sólo si nii-san se queda conmigo para satisfacerme también todo el tiempo.

     Ambos saben que eso no va a pasar. Gilbert volvería con Oz y los demás a la mañana siguiente y Vincent retomaría sus salidas nocturnas. Nada cambiaría. Sin embargo, ambos quieren creer que es posible. Al menos en estos instantes en que comparten una misma cama.

Tan inestable. Tan vulnerable. Aun cuando pase el mayor tiempo posible con su señor Oz, no puede abandonar a su hermano menor. Tiene que protegerlo, tiene que estar ahí para él. Como siempre, es su deber cuidar de Vincent. De él y de nadie más. No va a dejar que le quiten ese puesto tan importante en la vida del rubio. Es el lugar irremplazable que tiene.

-          Por ahora... Por ahora simplemente estemos juntos. No necesito nada más. Mientras pueda estar con Gil, mientras pueda serte útil, yo estoy bien.

     Palabras que le llegan al corazón. Porque sabe que vienen desde el fondo del contrario. Esas manos acariciando su espalda con delicadeza le causan escalofríos reconfortantes. Alguien que sólo piensa en él… Alguien que lo valora más que a nada en el mundo. Que podría hacer cualquier cosa por él. Un sentimiento mortalmente peligroso, pero que no puede dejar de desear.

-          ¿Por qué me quieres tanto? Incluso de antes de que nos reencontráramos...
-          ¿Por qué no querría a nii-san? Eres mi mundo. No hay nadie más encantador que tú.

     Empiezan a envolverse en un abrazo más apretado, se besan entre cada frase, se acarician sin parar. No pueden separarse, no en este momento.

-          Después de todo, tú sabes algo de nuestro pasado que yo no sé.
-          ¿No te lo dije? Para protegerte, Gil, yo haría cualquier cosa. Es mejor que no sepas nada.
-          Pero…
-          Shhh... no pienses más en eso.

     “Pero no quiero que tengas que cargar con nuestro pasado, como sea que haya sido, tú solo.” Eso quería decirle, pero sus palabras son cortadas definitivamente. Porque no puede evitar gemir cuando siente las caderas de Vincent frotarse contra las suyas. Las toma entre sus manos con fuerza, apretando su trasero, por lo cual lo oye gemir contra sus labios.

-          Quiero... satisfacer a nii-san con mi boca...

     Dejando de lado el mal recuerdo (quiere dejar de pensar en lo que le contó sobre Ernest), sólo puede asentir como hipnotizado, totalmente excitado. Vincent se ríe ligeramente de su reacción. Rápidamente se posiciona sobre él, curiosamente con las caderas sobre su rostro.

-          Satisfáceme a mí también, Gil.

     Eso hace. Separa ligeramente las piernas de su hermano y comienza a lamer su entrada con dedicación. Siente que se pone más duro al oírlo gemir sonoramente y al sentir su respiración agitada sobre su dolorosa erección. Para su tranquilidad (casi), el menor también comienza con lo suyo, tomando de inmediato su erección en toda su boca.

     Y vaya que sí tiene habilidad para esto. Su lengua se mueve con maestría por todos los rincones de ese trozo de carne palpitante, y su boca lo succiona como nada en este mundo. Bueno, tal vez su trasero. No le extraña que Ernest haya quedado tan satisfecho. Otra vez recordando eso. Le hierve la sangre nuevamente, y no puede evitar el impulso de empujar con una mano la cabeza de su hermano, para obligarlo a acariciarlo con su garganta. Lo oye ahogarse un poco, lo cual lo excita de sobremanera. Pero no le reclama y sigue con su tarea feliz, y eso lo excita todavía más.

-          Más, nii-san, lámeme más...

     Así lo hace, porque quiere oír más esos gemidos ahogados contra su erección. Dios, que delicioso. Mete su lengua lo más profundo que puede por su entrada, lo que causa que la boca de Vincent se comprima aun más. No puede resistirlo. Se corre en su boca sin previo aviso.

-          Ay, Gil, que delicioso eres, jeje... - lame sus propios labios, tragando un poco más de semen.
-          No tenías porque... tragártelo todo.
-          Si no lo hiciera, sería un desperdicio, jeje.

     Esos gestos hacen que se excite nuevamente. ¿Por qué diablos tiene que ser tan sensual? Se levanta un poco para sentarse sobre la cama. Lo escucha reír ligeramente.

-          Que bueno que aún tienes mucha energía. – Gilbert se sonroja al notar, al igual que su hermano, su erección todavía latente. – Como es de esperarse de nii-san...

     Con movimientos felinos, vuelve a aproximarse a él y se posiciona casi sobre él. Acerca sus labios a su oído, lamiéndolo suavemente, para luego susurrarle.

-          Ya me preparaste lo suficiente. Penétrame pronto, ¿sí?

     Con esa instrucción bastó, no necesita más. Toma sus caderas y lo sienta con fuerza sobre él, penetrándolo hasta el fondo de un sólo movimiento. Inmediatamente, un grito ahogado escapa de la boca del menor, y el mayor no puede evitar jadear un poco por el placer.

-          Shh... No hagas tanto ruido. Los vas a despertar.
-          Es que... nii-san está dentro de mí... ¡se siente tan bien...!

     Tiene razón, se siente increíblemente bien. Vincent lo aprieta como nada, y está tan húmedo y cálido... Ya no le importa que esto sea prohibido. Como siempre, cede a la tentación que ese pequeño demonio le ofrece, y termina haciendo el amor con su hermano sin poder evitarlo. ¿”Haciendo el amor”? Sí, podría decirse que sí. Lo que más desea ahora es recibir el amor incondicional de su hermano. Y de paso, hacerle sentir que no está solo, y que no debe estar con nadie más que con él.

-          ¡Mis caderas se mueven por si solas...! Nii-san es el mejor... Nadie más me hace sentir así...
-          ¡Ahh... Vince...! – Dios, sí que es bueno en esto. Al menos la experiencia que tiene, por más que la odie, la agradece y disfruta en estos momentos.
-          ¡Ah! Ahí, Gil... házmelo, más fuerte... por favor... - el rubio lame su cuello suavemente, invitándolo a caer más profundo en el pecado.

     No puede evitar obedecer su petición. Lo toma de las caderas y lo penetra con fuerza, arañándolo un poco en el proceso. Pero a él no le importa que sea tan poco delicado. Es más: le gusta, le encanta. Gime su nombre y mueve sus caderas al mismo ritmo que él. Con desesperación, con lujuria, con... amor.

-          Eres maravilloso, Gil...

     Vincent lo llena de besos. Besos de mariposa. Se sienten tan bien. Sus manos suaves acariciándolo, esas caderas majestuosas moviéndose sobre él. Todo es perfecto. Es en momentos como este en que se siente amado, realmente necesitado. No necesita nada más.

     Pero la magia tiene que terminar algún día, junto con sus energías. Se siente próximo al clímax y nota que su hermano también, por sus gestos y la forma en que lo está apretando. Conoce tan bien este irreemplazable ritual.

-          ¡Ya no puedo más, nii-san...! ¡Se siente demasiado bien...!
-          ¡Yo tampoco puedo mucho más, Vince...!
-          Córrete dentro, Gil. Lléname con tu semen, por... ¡por favor...! – apenas puede hablar y eso le excita aún más.

     El rubio es el primero en correrse, vertiendo sus cálidos fluidos sobre su vientre y el del mayor. La presión sobre su miembro obliga a Gilbert a correrse también, llenando a su hermano con su semen, tal como éste le había pedido.

-          Ah... está tan caliente... me siento tan feliz... - Vincent se acuesta sobre él, con la respiración agitada. Su piel blanca brilla con el sudor. Se ve tan sensual.

     Comienza a llenarlo de besos nuevamente. Ya no importa nada. Gilbert le acaricia el cabello. Sabe que cuando termine la noche, ambos se separarían, pero quería estar con él lo más posible. Ahora. Lo necesita.

     El rubio se incorpora para susurrarle unas palabras, que en su voz suave parecen un encantamiento.

-          Nii-san... te amo... no nada más importante que tú...

     Aun cuando sigue sonriendo y su expresión está llena de lujuria, también se ve un poco... ¿triste? Lo toma del cabello suavemente, sin salir de dentro de él, y toma sus labios con cuidado, para tratar de alejar esa tristeza. ¿Por qué siempre que estaban juntos, las emociones de Vincent, que siempre se ve como si nada le afectara, se desbordan? Se ve tan alegre, tan lleno de amor. Con miedo, con tristeza, con desesperación...

     El rubio corresponde el beso con ternura. Cuando se separan, un hilo de saliva los une. Los ojos heterocromáticos de Vincent brillan, como si fuera a llorar. Sin embargo, las lágrimas no caen. Él jamás lloraría frente a él. ¿Por qué se ve así? ¿Es por qué cargaba con el pasado de los dos, aquel que no desea revelarle por nada? ¿O es algo más? Algo aún peor…

-          Te amo... - vuelve a decir, con la voz entrecortada. – No importa si no te quedas porque yo... - y no dice más. Sus palabras mueren en su boca.
-          ¿Qué pasa...? – presiona la cabeza del menor contra su pecho con fuerza.
-          No tienes que hacer esto... no tienes que protegerme... y yo... yo ni siquiera debería estar aquí...
-          Tranquilo, yo estoy aquí. Aunque me vaya, siempre volveré a tu lado. Lo sabes, ¿verdad? – no entiende de que habla, pero debe hacerlo sentir seguro. Es su deber de hermano mayor.
-          Deberías quedarte siempre allá, con ellos...
-          ¿Por qué dices eso? ¿No dices que me amas?
-          ¡Por eso...! – nuevamente, no dice nada más. Baja la mirada y trata de sonreír otra vez. – Olvídalo, ¿sí? Disfrutemos que estamos juntos. Eso es lo único que me queda.
-          Vince...

     Y así pasó la noche. Lo hicieron una y otra vez hasta el amanecer. Jamás dejaron de acariciarse y besarse. Necesitaban grabar en el otro lo que sentían, aun sabiendo que todo era efímero. No podían separarse, pero no podían estar juntos. Un terrible romance de hermanos...


     A la mañana siguiente, Gilbert se había marchado. Dejó una cinta de las que usaba para amarrar su cabello atada a una nota. Una nota que decía que lo necesitaba, pero que debía volver con Oz y los demás. Que ese era su hogar y debía entenderlo. Pero lo que más añoraba era que Vincent fuera con ellos también, hacerlo parte de su hogar. Para nunca tener que separarse de él nuevamente.

-          Al fin y al cabo, ellos son más importantes que yo, ¿no, Gil...? – el rubio se sienta en la cama y apoya su mano en su frente, entre sus cabellos desordenados. – Así está bien... así es perfecto...

     Cuando está solo, puede dejarlo salir. No puede dejar salir su dolor en frente de nadie, menos de su hermano. Ya estaba decidido: borraría su existencia de este mundo. Por el bien de su hermano, él nunca existiría. Para éste nunca sufriera. Así de grande era su amor por él. No le importaba dejar de existir, ¿no...? Por eso, él no merecía nada. Estas noches eran sólo un consuelo temporal, porque ya no podía retroceder.

-          Yo no puedo ir a la luz que encontraste, Gil. Nunca volvería a hacerte sufrir... Por eso yo...

     No puede evitar que las lágrimas y los sollozos salgan. Ya no necesita aparentar. Él era un hombre muerto. No importaba con quienes estuviera. No importaba lo que hiciera. Los Baskerville iban a borrar su existencia. Y Gil nunca sufriría. Estaba decidido. Entonces, ¿por qué no puede dejar de llorar...?

-          Te amo, Gil...

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